La jornada abandona el corredor agrícola plano entre dos de las grandes ciudades de Argentina para adentrarse en un paisaje más tridimensional: bien antes del mediodía, la pampa cede ante los primeros levantamientos de las Sierras Chicas, y un barrio jesuita declarado patrimonio de la UNESCO ocupa las horas que siguen. Es un recorrido que transita tres registros distintos —autopista, ciudad colonial, río de montaña— y cada uno se desarrolla con tiempo suficiente para ser saboreado.
El camino a Córdoba
La jornada comienza con una partida a las 9:00 desde el camping a las afueras de Rosario, rumbo noroeste por la Autopista Rosario–Córdoba, uno de los corredores de tránsito y carga más concurridos de Argentina. La ruta corre casi recta a través de la porción austral de las Pampas Húmedas, atravesando campos de soja y maíz que se extienden planos hasta el horizonte, interrumpidos por los peajes de Carcarañá y más adelante el Peaje James Craik, aproximadamente a mitad de camino. Hay combustible disponible en Villa Nueva, ciudad gemela de Villa María en la llanura cordobesa —un alto sensato antes del tramo final hacia la capital. Al sur de la ciudad, la autopista se integra a la circunvalación urbana antes de que la ruta transite hacia el centro de Córdoba.
El plan es estacionar en el barrio de Nueva Córdoba, lo que deja el centro histórico a corta distancia a pie, y aprovechar la pausa de almuerzo allí como transición entre la porción vehicular del día y la tarde recorrida a pie.