El Obelisco
De regreso al centro alrededor de las siete de la noche, conviene detenerse en el Obelisco de Buenos Aires antes de dirigirse al espectáculo. El obelisco se alza en la intersección de la Avenida 9 de Julio y la Avenida Corrientes —la avenida más ancha del mundo, con aproximadamente 140 metros de lado a lado, nueve carriles en cada sentido— y fue construido en 1936 para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de la ciudad, efímera, por Pedro de Mendoza en 1536. Con 67 metros de altura, es modesto si se lo compara con otros obeliscos, pero su posición en medio del bulevar urbano más teatral de América del Sur le confiere una presencia desproporcionada. Las tres estaciones de Subte que corren bajo él —Carlos Pellegrini, Diagonal Norte y 9 de Julio— están conectadas por un laberinto de pasillos que los porteños atraviesan sin pensarlo y que deja a los visitantes primerizos completamente desorientados. La Avenida Corrientes, que cruza en este punto, es la calle del teatro porteño: decenas de salas de espectáculos se alinean a lo largo de su recorrido, y la cultura de la pizza tardía y las librerías nocturnas que las rodea sigue vigente. El Piazzolla Tango queda a quince minutos caminando hacia el oeste por Corrientes y luego una corta vuelta hacia el sur hasta Calle Florida.