Mirante do Robalo
La parada en el Mirante do Robalo, alcanzado a última hora de la mañana, es el punto visual culminante de este tramo y merece una pausa larga. No hay señales. No hay infraestructura. Tan solo hay un alto sobre la SE-100 desde el cual la composición entera de este paisaje se revela de golpe: las dunas doradas apiladas contra el mar, las lagunas plateadas bajo la luz del mediodía, la alfombra de cocoteros y bosque atlántico que llena el término medio, el océano al fondo. Es una recompensa inhabitual para una carretera en su mayor parte sin señalizar, y el tipo de mirador que premia a quien se toma el tiempo de quedarse.